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La victoria está en nuestras manos

Preparémonos para ver a las multitudes y decirles: “Jesús te ama”. Dios tiene compasión por nuestra tierra, por nuestra gente. No demos un solo paso atrás, ya hemos retrocedido demasiado. Satanás ha ocupado todos los espacios vacíos. Hemos dejado los parques, las plazas, los estadios y las calles para que él trafique con el pecado y el dolor de la gente. No renunciemos más a un solo derecho que tengamos como cristianos.

Dios nos ha concedido la facultad de conquistar la tierra. Lo que hemos visto y oído es nada comparado con lo que Él quiere darnos. Las verdades de Dios deben ser proclamadas a los cuatro vientos para que Satanás calle sus mentiras. Que las paredes no detengan más nuestras palabras, que el mensaje de verdad tumbe todos los obstáculos. El norte, el sur, el este y el oeste deben oír el mensaje del Evangelio.

Estemos dispuestos a ir presos si es necesario como nuestros hermanos de la antigüedad. Con arrojo, valor, intrepidez. Dios no nos mandó a pelear contra el pecador, sino a enfrentar el pecado y luchar contra él. ¿Y quién está detrás del pecado? El que vino a robar, matar y destruir.

Dios no ha cambiado, Jesucristo es el mismo. Señor, concédenos que con todo denuedo prediquemos tu palabra.

Ahora, Señor, (…) concede a tus siervos el proclamar tu palabra sin temor alguno. Por eso, extiende tu mano para sanar y hacer señales y prodigios mediante el nombre de tu santo siervo Jesús.

—Hechos 4:29-30

Tomado del libro HUMILLADOS - Carlos Annacondia

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