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Se levantan los nazarenos

 

“El Señor llama a una nueva raza de hombres y mujeres dispuestos a dejarlo todo en pos de una revolución espiritual que cambiará

 el mundo”

 

 

 

 

No recuerdo dónde escuché la cita anterior, pero la escribí en mi diario. “¿Está tu vida cotidiana aparejada a un sueño, al poder convincente de una visión grande y profética, a algo lo suficientemente grande como para vivir... o morir por eso?”. No estoy hablando de tu vida cristiana en el sentido general de ser parte del Cuerpo de Cristo, sino, más bien, hablo de un profundo sentido de misión que te guía e inspira. Personalmente, no sé cómo vivir sin un propósito y

Muy probablemente, estás de acuerdo o en desacuerdo basado en tu perspectiva bíblica general. Ese es el motivo por el cual los paradigmas son cosas poderosas y peligrosas; nos inclinan hacia la pasividad o hacia la pasión.

Cierta clase de mentalidad puede hacernos víctimas de la historia o hacedores de ella. La guerra invisible que acontece al nivel del pensamiento es difícil de reconocer, y es muy artera como resultado. Nuestro enemigo, el “príncipe de este mundo”(Juan 12:31), es un maestro de juegos de mentes que sutilmente abastece sus paradigmas preferidos con constructos ideológicos varios que tienen el objetivo de controlarnos de manera sutil. Como muebles en una casa de muñecas (la “casa de nuestras mentes”), el efecto neto es tan real que ya no nos cuestionamos ni siquiera lo más mínimo. En el mundo occidental, la manipulación de Satanás ha producido una sociedad materialista, humanista, iluminada y posmoderna construida sobre la hipótesis falsa y cínica de que las distracciones más superficiales de la vida son, en realidad, la suma total de nuestro propósito. Por lo tanto, pasamos nuestros días sobrestimulados hasta el punto del atontamiento.

La ironía de las ironías: una era glotona, indulgente, adicta al entretenimiento y al Twitter, llena de deseos ilícitos ha producido a las personas que más se aburren y que más aburren.

Esa es la razón por la que el ayuno es más importante que nunca. Cuando nuestros días están marcados por el exceso, carecemos de la pasión pura del hambre. En su excelente devocional de cuarenta días de ayuno titulado Consumido, Dean Briggs expresa lo siguiente: “La abundancia es insipidez. El hambre es pasión”. ¡Estoy de acuerdo! En las palabras famosas de C. S. Lewis, tenemos deseos que no son demasiado fuertes, sino demasiado débiles. El ayuno es una fuerza primordial para reconectarnos con el núcleo espiritual, no solo en el sentido de anhelar a Dios, sino también a través de una comunión profunda, interior por medio de la cual lo escuchamos a Él susurrar: “Estás destinado a más”.

¿Percibes lo que implica esta guerra? Cuando la “vida normal” —el trabajo, la promoción, los horarios, los pasatiempos, las prioridades y todos los patrones de pensamiento construidos alrededor de ellos— conspira contra tu mayor recurso, que es el llamado, ¿cómo puede ser considerado de otra manera? A la luz de esto, ¿cómo pueden los individuos, mucho menos una sociedad entera, liberarse de las fuerzas controladoras de la insipidez y la pasividad? Solo puedo hablar desde mi propia experiencia. En gran parte debido a la gracia del ayuno he llegado a conocer en profundidad el vuelo liberador de la libertad de lo común y profano hacia el llamado de lo salvaje. El ayuno me ha dado alas. ¿Estás listo para una vida con alas? Tú y yo hemos sido hechos para más.

Mi esperanza es que te unas a la historia. La historia podrá ser moldeada en los salones de la academia, el poder por los insensatos, los financistas y los políticos, pero en los salones del cielo, la historia la modelan los intercesores.

Es la mayor invitación que jamás se le haya extendido al hombre: darle forma a la historia, como una bisagra alrededor de la cual gira. En épocas de cambio histórico, el Pueblo de Dios se volvió al ayuno prolongado para participar en la administración hasta el cumplimiento de los tiempos (Efesios 1:10). La oración combinada con el arrepentimiento trae un despertar. Se inicia una respuesta divina. Las Escrituras mezclan este despertar generacional que Dios inicia con el lenguaje vívido de un ejército reunido: el ejército del amanecer.

Ha llegado la hora

No se requiere un profeta para reconocer la profunda oscuridad de nuestros días. Desde el holocausto del aborto legalmente sancionado en muchos países, pasando por el levantamiento de terroristas que literalmente decapitan a sus enemigos, a la creciente amenaza de desastres naturales y ecológicos, las heridas raciales que brotan por doquier y la amenaza siempre presente de un colapso económico catastrófico, la era actual es una de temor constante. Muchos sienten que están viviendo en la hora de la medianoche de la historia.

Isaías profetizó un tiempo en el cual “una densa oscuridad se cierne sobre los pueblos”(Isaías 60:2). Las personas tiemblan, llenas de temor. Algunos responderán haciendo la vista gorda y otros simplemente se resignarán a la suerte. Sin embargo, el adagio sigue siendo verdad: ¡siempre está más oscuro antes del amanecer!

Aunque estemos temerosos, con toda certeza Dios no lo está. Como un as en la manga, la solución divina al desagradable mal de maldad es un ejército de luz brillante. “Como la aurora que se extiende sobre los montes, así avanza un pueblo fuerte y numeroso (…) Truena la voz del Señor al frente de su ejército; son innumerables sus tropas y poderosos los que ejecutan su palabra”(Joel 2:2,11).

“¡Que el Señor extienda desde Sion el poder de tu cetro! ¡Domina tú en medio de tus enemigos! Tus tropas estarán dispuestas el día de la batalla, ordenadas en santa majestad. De las entrañas de la aurora recibirás el rocío de tu juventud”(Salmo 110:2-3).

¿Qué está sucediendo? En las oscuras horas antes del amanecer, comienza a aparecer el rocío. En el lugar en el que la tierra estaba seca la noche anterior, ahora resplandece hasta donde la vista llegue. Verdaderamente, es la peor pesadilla del enemigo: ¡irse a dormir para despertar la mañana siguiente rodeado de un ejército que se materializó de la nada! Lo que era un campo vacío, ahora rebosa de soldados cuyas armas y armadura brillan al destello del sol. Literalmente, durante la noche, en el gran esquema del tiempo, creo que se está levantando de la oscuridad presente un ejército de personas jóvenes totalmente devotas. Aún se levantan. Este vasto ejército de jóvenes está movilizándose y madurando. Invisible ahora, invencible después.

El ejército del amanecer no emite papeles en borrador. Ningún mercenario sirve allí. Estas tropas se alistan con gozo y por propia voluntad. Obligados por el amor a su Comandante, el joven ejército se reúne espontáneamente; aparentemente, salen de la nada, vestidos de trajes de batalla santa, que son las ropas de la intercesión y la adoración sacerdotales. Al reunirse para su glorioso Sacerdote y Rey, Jesús se complace en extender su cetro de autoridad en el medio de la asamblea. No se llenan de ira ni odian; se arrodillan, sirven, lloran y oran.

En el medio de un ataque sin precedentes sobre esta generación, Dios recluta un ejército de jóvenes temerariamente desenfrenados y absolutamente devotos a Él. La nueva estirpe sabe lo que significa amar mucho, porque a ellos también se les ha perdonado mucho. En muchos de ellos, veo una profunda madurez espiritual, a menudo nacida del sufrimiento. Las maldiciones que el enemigo tenía planeadas para su destrucción fueron transformadas, por gracia, en bendiciones. Hay más personas menores de 18 años vivas en la actualidad que en cualquier otra época de la historia, y entre ellos hay un remanente poderoso de corazones apasionados, devotos únicamente a Jesús. Él tiene un propósito imponente para aquellos que “se ofrezcan voluntariamente en el día de su poder”. Valóralos, aliméntalos y guíalos; son campeones en ciernes. En esta noche tan terrible, ¡está a punto de amanecer!

¿Es fuerte la oscuridad? Por supuesto que lo es, ¡pero esa pregunta es completamente errónea! Más bien preguntemos cuán fuerte y cuán brillante es la venida del Señor. El ejército del amanecer responde a esa pregunta, pues solo el amanecer puede hacer retroceder a la noche. Aún mejor todavía, la promesa de las Escrituras es que “la senda de los justos se asemeja a los primeros albores de la aurora: su esplendor va en aumento hasta que el día alcanza su plenitud”(Proverbios 4:18).

Al final de la era, la luz prevalecerá como el mediodía. Aunque la oscuridad aumentará, no va a triunfar.

ADN nazareno

Hay momentos en la historia en que la puerta se abre para cambios masivos. Grandes revoluciones para bien o para mal ocurren en el vacío creado por esas aperturas. Es en estos tiempos en los que hombres y mujeres claves, e incluso generaciones enteras, arriesgan todo para convertirse en la bisagra de la historia, ese punto crucial que determina en qué dirección se moverá la puerta. En las Escrituras, algunos de esos hombres y mujeres claves eran nazareos.

Durante las horas más oscuras de Israel —y en los tiempos de su mayor declive moral—, Dios levantó individuos y compañías proféticas de jóvenes nazareos, hombres y mujeres para detener la marea de la apostasía. Los nazareos se adentraron en la escena nacional como una resistencia contracultural a la inmoralidad sexual predominante y al culto a los ídolos de la época. Estos consagrados —en estilo de vida y unción— sacudieron a la gente de su complacencia y confrontaron el status quo religioso con ardiente celo por el nombre y la fama de Dios.

Ningún otro mensaje que haya predicado ha sido más apoyado profética y sobrenaturalmente que el llamado a ser nazareo. ¿Por qué? Porque una generación de nazareos es una manifestación clara y vital del ejército del amanecer.

Creo que el regreso a la consagración del nazareo, nacido de la gracia y del celoso y ardiente amor de Dios por nosotros, es la única esperanza para un retorno a Dios de las naciones de la Tierra. Ha sido y debe continuar siendo la preparación del terreno, incluso el precursor, para el mayor despertar espiritual y la cosecha más grande que el mundo haya visto jamás. Frank Bartleman era un prototipo del nazareo de Azusa, así como Edwards, Finney y Wesley eran padres nazareos de movimientos anteriores. ¿Quién forjará el camino del nazareo para nuestra generación? La historia espera la respuesta.

Una y otra vez, los nazareos se convirtieron en la bisagra de la historia. Los nazareos prosperaron y se multiplicaron cuando la nación se enfrentó a situaciones imposibles, para las que la única esperanza era la intervención divina. Precisamente la situación extrema de esos tiempos desencadenó la medida extrema de su consagración.

En un contexto moderno, los nazareos son aquellos que aprovechan la invitación del cielo para perseguir los más altos niveles de devoción personal. Sus vidas resplandecen con pasión. En el Antiguo Testamento, los nazareos tenían el pelo largo, pero ese no es el punto. ¡Realmente se trata de los corazones extremos!

Los nazareos tienen dolor por amor. Puede que algunos tengan tatuajes, piercings, pelo largo o vestiduras no convencionales. No los menosprecies. Su estilo de vida anticultural puede hacer que la gente se sienta incómoda; pero en lo básico y esencial, no tienen problemas secundarios. Están dispuestos a correr los límites plenamente. ¿Cuán abandonada en Dios puede estar un alma?

Los nazareos llevan la delantera.

No debe beber vino

Según Números 6:3-4, el nazareo “deberá abstenerse de vino y de otras bebidas fermentadas. No beberá vinagre de vino ni de otra bebida fermentada; tampoco beberá jugo de uvas ni comerá uvas ni pasas. Mientras dure su voto de nazareo, no comerá ningún producto de la vid, desde la semilla hasta la cáscara”. Los judíos no eran abstemios. De forma moderada, beber vino era un placer legítimo, un símbolo de gozo y celebración. Las uvas, las pasas y el vino eran los dulces de la sociedad judía, algo similar a los caramelos y al helado en nuestra sociedad. Todo el mundo disfrutaba de esos placeres comunes dados por Dios; sin embargo, los nazareos no podían disfrutarlos ni lo harían. ¿Por qué? Esos amantes santos de Dios, de forma voluntaria, se negaban los placeres legítimos de esta vida, a fin de experimentar de una forma más completa los placeres supremos de conocer a Dios.

La versión del Nuevo Testamento equivalente a esto la encontramos en el libro de Efesios 5:18. “No se emborrachen con vino, que lleva al desenfreno. Al contrario, sean llenos del Espíritu”. Más que buscar la embriaguez que trae el vino terrenal, los nazareos estaban “bajo la influencia” del nuevo vino del Espíritu de Dios, solamente buscaban estar poseídos por Él.

Juan el Bautista estaba lleno del Espíritu Santo desde su nacimiento, y esto le permitió vivir su consagración en el duro entorno del desierto, haciendo ayunos de manera frecuente y comiendo solamente langostas y miel. Era el fuego del Espíritu Santo en su interior el que alimentaba su voto de nazareo y su vida de ayuno.

No tiene ningún sentido que discutamos las restricciones de los nazareos si no comprendemos la motivación profunda de esa elección. No se trata de una cuestión de pecado —beber vino y comer el fruto del vino no eran algo pecaminoso, sino actividades buenas y legítimas—, sino del placer. Para los religiosos, la separación de los nazareos de estos placeres podría haber sonado a legalismo: “No toquen, no prueben, no coman”. Pero para los nazareos, no se trataba de un legalismo pobre, sino de amor. Vivían para placeres superiores.

Todo esto debe ser la ofrenda voluntaria del corazón. Si es algo que se impone a causa de la culpa y del temor, no es solo algo sin sentido: ¡daña el alma porque es una manifestación de la ley y de la incredulidad! “La letra mata, pero el espíritu da vida”(2 Corintios 3:6).

No puedo enfatizar lo suficiente cómo esto se convierte en el filo de la navaja de la consagración. Luego de décadas de proclamar un desafío nazareo a la juventud, aprendí que, mientras que la mayoría lo comprende, la invitación, lamentablemente, es malinterpretada por los demás, lo cual puede conducir a la desilusión, al agotamiento y a la derrota personal.

Quiero expresar esto con absoluta claridad: no tienes que hacer un esfuerzo por tener a Dios, ¡Él ya es tuyo! Tu consagración no puede cambiar ni mejorar tu postura en el amor de Dios por ti. En última instancia, cualquier esfuerzo que hagas hacia una temporada o estilo de vida de nazareo solo es sustentable porque el amor de Dios trabaja en ello. Ese es su trabajo, no el nuestro.

¿Eres joven y estás hambriento en espíritu? ¿Estás dispuesto a sujetar los apetitos de la carne por el bien nada menos que de alcanzar todo lo de Dios? De ser así, el Señor te está buscando. He estado reuniendo a personas como tú durante casi veinte años. Pero eso no es todo. Él también busca padres y madres en el Espíritu que le den la bienvenida a la oportunidad de hacer equipo con los hambrientos de otra generación.

El Reino no solo permite la intensidad espiritual, sino que la plenitud del destino la exige. Lo radical es la nueva normalidad. Si no lo es, no tenemos esperanza. Bienvenido al lado salvaje del ayuno y la oración. ¡Haz que tenga valor! 

Quizás aquellos de más edad se puedan sentir un poco incómodos por estas palabras, pero prefiero creer que muchos, en realidad, sienten brotar en ellos un celo juvenil con solo pensarlo. ¡Renuévate! Y cuando el verdadero corazón de un nazareo se levante, ¡no se lo impidas! ¡Ay de nuestra nación si apagamos estas jóvenes antorchas! Cuando el Espíritu Santo inspira a una generación entera a decir: “Sí, nosotros haremos cosas extremas para Dios. Nosotros pagaremos el precio. Viviremos vidas santas, no convencionales”, ¡no se los impidas! El profeta Amós condenó a la sociedad de su época por rehusarse a honrar el llamado santo de esos jóvenes extremistas. Les reprochó a los padres el no permitir que el don profético explotara en su interior: “También levanté profetas de entre sus hijos y nazareos de entre sus jóvenes. ¿Acaso no fue así, israelitas? —afirma el Señor—. Pero ustedes les hicieron beber vino a los nazareos y les ordenaron a los profetas que no profetizaran. Pues bien, estoy por aplastarlos a ustedes como aplasta una carreta cargada de trigo”(Amós 2:11-13).

Lejos de los cadáveres

En Números 6:6, leemos: “Mientras dure el tiempo de su consagración al Señor, no podrá acercarse a ningún cadáver”. La segunda prohibición del voto nazareo parece desconcertante al principio. Bajo circunstancias normales, sería de importancia para una persona demostrarle honor a otra enterrando a un familiar que ha muerto. Sin embargo, el nazareo estaba limitado por Dios a actuar distinto. ¿Qué significa eso?

Debemos comprender no solo la función de los nazareos, sino su lugar en la sociedad como un símbolo. Los nazareos personificaban de forma radical el llamado de la nación a la pureza absoluta. No estaba mal enterrar al muerto, pero el nazareo tenía una regla de vida más elevada. Debido a que la muerte es la última consecuencia del pecado en el mundo, los nazareos no debían tener parte ni asociación con el pecado. Debían permanecer sin contaminación.

Apliquemos ahora esto a nuestras vidas. ¿Estás tocando algo que hace que mueras espiritualmente? Para darte un ejemplo, las ventanas de pornografía matan espiritualmente a miles de creyentes. Un nazareo no puede, no debe tocar la muerte. ¿Estás sucumbiendo a alguna forma de presión de pares que te empuja a hacer concesiones? ¿Están tus puertas abiertas a la contaminación del mundo del entretenimiento, de la moda o de las falsas expectativas de familiares y amigos, esas cosas que, en cada generación, buscan estrujar el alma del nazareo hasta llevarlo a rendirse? Si aceptas el llamado de ser como Sansón, entonces debes aprender de su vida, ¡pues los tormentos de Dalila se encuentran en todos lados!

Los nuevos nazareos que Dios levanta no deberían intentar realizar sus votos de manera legalista, pues nuestro objetivo es la consagración del corazón, no las meras circunstancias. La única manera de alcanzar esto es por la virtud y la revelación del máximo Hijo de la devoción, el Nazareo por excelencia, Jesús, viviendo y demostrando una total consagración a su Padre a través de nosotros, ¡en nuestro interior!

Mike Bickle describe con claridad los motivos del corazón del nazareo: “El peligro de la consagración del nazareo es ser santo solo en lo exterior e interiormente tener un corazón duro y que se autojustifica escondido detrás de una máscara de rectitud y de acciones exteriores impactantes que disfrazan a un alma decadente. Solo el fuego de la intimidad interior, la llenura del Espíritu Santo sumada a recibir de manera continua la misericordia de Dios y su deleite para nosotros —aun si caemos—, puede librarnos de un corazón farisaico”.

Cabello sin cortar

Las Escrituras sugieren que el voto nazareo otorgaba una autoridad especial para guiar a la nación a la guerra.

En los días de Débora, los israelitas estaban bajo una severa opresión ejercida por los ejércitos inconquistables e intimidatorios de Sísara, el general cananeo. Pero bajo el liderazgo de Débora, los israelitas se levantaron y derrotaron a Sísara con la ayuda sobrenatural del cielo. En Jueces 5, Débora canta una canción acerca del resultado de la batalla: “Cuando los príncipes de Israel toman el mando, cuando el pueblo se ofrece voluntariamente”(v. 2).

Lo fascinante es que la oración “cuando los príncipes de Israel toman el mando”significa, literalmente, “aquellos de larga cabellera que dejaron que su cabello estuviera suelto”. Una traducción alternativa lo expresa de la siguiente manera: “Cuando los mechones de cabello se suelten en Israel”. Esta era una referencia a la costumbre de permitir que el cabello, que era considerado santo, creciera durante el período del cumplimiento de un voto al Señor (Números 6:5,18; Hechos 18:18). Era una práctica de los soldados que salían a la batalla dejarse el pelo sin cortar, lo que podía sugerir que estaban comprometidos en una guerra santa”.

Por lo tanto, el texto hebreo indica que los líderes de la batalla de Débora eran realmente nazareos que hicieron un voto al Señor de dejarse crecer el cabello en preparación para el conflicto. Cuando los nazareos soltaron sus mechones y sus largos cabellos se revelaron en frente de las propias fuerzas superadas en número, el ejército de ciudadanos fue lleno de un espíritu de fe. Llenos de energía con un celo santo, corrían libres a la batalla, pues sabían que el Dios de los nazareos estaba con ellos. Sin lugar a dudas, un poder celestial y sobrenatural estaba sobre los nazareos para liberar a una nación de sus enemigos.

Dios me ilustró esto vívidamente. Cuando mi mensaje nazareo se lanzó por primera vez, me habían dado la novela histórica Elías, de William H. Stephens. Al tomar el libro, dije: “Señor, sabes que ardo con el mensaje nazareo. Voy a abrir este libro en alguna página y en el lugar en el que lo abra, me darás un mensaje acerca de los nazareos”. Era fe ciega. (Sé que esto no es aconsejable todo el tiempo, ¡pero algunas veces funciona!). No era la Biblia, pero Dios es muy creativo en la forma en la que nos habla. Abrí el libro. Al azar, se abrió en la página 169, en la que leí: “El profeta llamó a la puerta. A su llamado respondió un hombre joven, alto, fuerte, de piel oscura y enjuta. Para sorpresa de Elías, el cabello del hombre le llegaba más allá de los hombros, aunque no era rebelde como el suyo.

—¿Eres nazareo? —preguntó, sin presentarse a sí mismo.

—Lo soy —respondió el hombre—. He hecho un voto de que ninguna navaja tocará mi cabeza mientras haya un santuario dedicado a Aserá en Israel y mientras una piedra del templo maldecido de Melkart permanezca una sobre otra.

Elías gritó de alegría. Dio un salto en el aire y un giro completo, para caer sobre sus pies.

—Alabado sea el Señor. No creí que todavía se pudiese encontrar este tipo de fe en Israel.

(…) Elías le inquirió: —No me has dicho tu nombre.

—Me llamo Eliseo —respondió el joven”.

Me senté, sorprendido ante esta profunda coincidencia de Dios, y releí cada palabra. Era como si Dios me gritara: “Estoy levantando nazareos que se opondrán para derribar los altares de la pornografía y la inmoralidad sexual en la Tierra. Han hecho un pacto para oponerse al aborto y para cuidar a las madres embarazadas. Anhelan las adopciones y desafían a la industria del tráfico sexual. Invaden las falsas ideologías con la luz del Evangelio en obras misioneras arriesgadas. Siguen a su Maestro, que está consumido por el celo por su casa. Serán los espiritualmente violentos que desafiarán los sistemas políticos de muerte e injusticia a través de la oración, la profecía y la guerra espiritual. Pero ellos mismos demostrarán, por la calidad y el sacrificio de sus vidas, una nueva alternativa de esperanza y compasión en la Tierra. Vivirán el Reino de Dios en amor, perdón y actos valientes de compasión por el pobre y el oprimido. ‘El reino de los cielos les pertenece’”. m

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